Creo que mis intenciones no eran las mejores para ese encuentro, pero afortunadamente no se materializaron. Yo buscaba un reencuentro carnal, él un reencuentro espiritual. Como en los viejos tiempos, él ganó.
Quedamos de vernos saliendo del trabajo. Fuimos por una cerveza y empezamos a platicar. Tres años de no ver a alguien es una vida. En tres años se escriben y reescriben muchas historias; se inventan nuevas palabras y se descubren otras formas de mirar. En tres años uno deja de sentir lo que alguna vez sintió y, en el peor de los casos, se da cuenta de que lo que creía que era verdad realmente siempre fue mentira.
La primera reacción ante el encuentro fue como si hubiera vivido un flashback. Estaba él sentado en su carro, vestido y peinado como la primera vez que lo vi. Entré al auto, cerré la puerta y lo primero que dije fue: Flashback. Él se rió, creo que entendió el origen de la palabra.
Camino a las cervezas acaparé la conversación. Lo puse al tanto de mi vida. Nada relevante porque lo veía extraño, no era la misma persona que cuando estuve con él o más bien yo ya no soy la persona con quien él estuvo.
Llegó su turno y después de una aztecona era más fácil hablar. Me contó a grandes rasgos esos años de distancia. Lo escuché diferente, también había cambiado y cambió para bien. Se escuchaba maduro y humilde. Y sin embargo, no logró conmoverme ni para bien ni para mal.
Es un hecho que me da gusto ver que ha evolucionado como persona y que le esté yendo bien laboralmente, pero me di cuenta que no es una persona que pueda reintegrar a mi vida y menos creo que yo me pudiera reintegrar a la suya.
Él me dijo que siempre estaría para mí, sólo pude contestarle que yo ya no estaba para él. En un caso de vida o muerte estaré ahí, pero en cualquier otro aspecto (bueno o malo) no. Le agradezco infinitamente el haberme dado la ilusión del primer amor y muchos recuerdos que siempre voy a guardar. Y el haberme lastimado, porque eso me hizo crecer, pero yo ya no lo necesito en mi vida y no creo que él me necesite en la suya.
Tres años y 2 cervezas después comprendí que es nunca lo amé como pensé que lo había hecho, comprendí que sí lo quise y muchísimo. Porque 3 años y 2 cervezas después finalmente comprendí la diferencia entre amar y querer: cuando amas verdaderamente a alguien, nunca vas a dejar de amarla (puede cambiar la forma de amar, pero el sentimiento persiste) y cuando se quiere el sentimiento puede tener un final.
Hoy, reconozco que él fue una persona importantísima en mi vida, que nunca voy a poder olvidarlo y que siempre va a estar conmigo por el simple hecho de haber sido mi primer amor; pero también reconozco que para mí ya simplemente es un recuerdo de la persona que algún día fui.
Saludos,
Yonni
Alo! Qué bárbaro!
ResponderBorrarDebo confesar que nunca había entrado a tu blog y hoy ha sido una muy grata sorpresa visitarlo. No sólo escribes muy bien sino que también dices las cosas con una claridad envidiable... tanto en forma como contenido.
Te mando un abrazo y ¡veámonos pronto! Cuando menos para 2009.
Besos!
Fabs
Fabs!!! gracias, gracias por tu comentario tan bonito... aunque seguro lo dices porque tú si me quieres bien... anyway, se sintió bien paike leerlo...
ResponderBorrarnos debemos un café, eh!!!! y estaría chido que fuera en el 2009...
Besos muchos
Yonni
Claro que te quiero bien! Pero mi comentario fue meramente objetivo ;)
ResponderBorrarTe hablo en la semana para ver si el viernes te queda ese café que tanto se ha postergado.
Te seguiré leyendo.
¡Más besos!
Esto me lo platicaste en persona.. al leerlo fue como volver a vivir esa platica.. sabes me siento rara xq de alguna manera fui parte de esa historia.. ja quién lo iba a decir.. tu cupido sigue a tu lado! osea yo!!! jaja es aún más raro saber q ahora te das cuenta q nunca lo amaste como creiste hacerlo.. y comparto la idea de q cuando amas realmente, nunca, nunca dejas de amar aunq ya no estes con esa persona!
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