Desde el primer pie que puse en territorio cubano me di cuenta de que es un país lleno de contrastes y contradicciones. Gente que ama a Fidel y la revolución; y por el otro lado, los que están en contra. Un país con mucha cultura y gente muy estudiada, pero al mismo tiempo con una censura de información enorme. Gente que no sufre el hambre, pero que te cambia toda la mercancía de su negocio por tu ipod. Algo muy raro...
Varadero y sus playas azul celeste vestidas de arena blanca me abrazaron los primeros instantes en Cuba. Después conocí el embrujo del mojito y me olvidé de todo. La convivencia con gente de otras culturas se daba de forma natural... cubanos, argentinos, italianos, mexicanos... todos dispuestos a disfrutar...
Debo reconocer que Varadero fue como haber ido a Cancún, pero como en los años 70 (por las construcciones, transportes, etc).
Dos días después llegué al corazón de Cuba: La Habana. Desde que divisamos a lo lejos la ciudad, se me erizaron todos los pelitos de mi cuerpo (y miren que son muchos). Las construcciones, la gente caminando por las calles, el mar rompiendo en el malecón, el sonido de la música por todas partes... Es una sensación indescriptible la que sentí al llegar a La Habana.
El centro de la ciudad es impresionante, con el Capitolio. La calle Obispo, llena de gente, tiendas, colores. Los coco taxis recorriendo la ciudad entre Huahuas, máquinas y carros que parecían salidos de los años cincuenta. Las calles adornadas con propaganda a favor del comunismo, Fidel, la revolución y atacando el capitalismo.
Tuve la oportunidad de recorrer la ciudad con un chico cubano que me enseñó cómo se vive realmente. Ir a su casa, llena de santos y muñecos de la religión afrocubana fue impactante. Recorrer las calles que los turistas no suele recorrer, escuchar lo que los turistas no suelen oír.
La comida es DELICIOSA. El moros con cristiano, los platanitos fritos, los mariscos... Y las croquetas, una especie de carne empanizada tipo nugget, que bueno, sabía delicioso... Los mojitos y el cuba libre... La cerveza cristal que rica...
La plaza de la revolución es impresionante con la figura del Che, y su famosa frase "Hasta la victoria siempre..." El cementerio, tan bonito con vista al mar (lástima que los muertitos no disfruten esa vista tan hermosa...jajajaja)
Caminar por el malecón es un placer. Escuchar el mar estrellarse contra las rocas. Ver la espuma descansar en las rocas. Las gaviotas volando hacia donde el cielo encuentra el mar. Y el sol, grande como una naranja, coronando esa vista.
También estuve conociendo la cultura cubana a través de 2 amigas mexicanas que llevan 8 años viviendo por allá. Es otra perspectiva conocer como viven ellas. Gracias Gaby y Mariana por todo!!! Son LA onda!!!! y bueno, tener al novio cubano de una de ellas para poder preguntar todas las dudas que tenía fue un gran regalo.... pude comprender mejor la situación e idiosincracia del país.
Y al final, poquito tiempo antes de irme Cuba me regaló la increíble vista de La Habana al anochecer. Fuimos a una lomita a ver las luces de La Habana bajo un cielo forrado de estrellas, mientras el mar nos decía adiós con el canto de sus olas.
Un viaje que me cambió la forma de ver el mundo, que me puso en contacto con otras realidades, pero sobre todo que me hizo dar cuenta que no importa bajo que circunstancias se vivan, siempre habrá gente que sonría y esté dispuesta luchar por sus ideales hasta el final...
Hasta la victoria siempre...
Yonni
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