lunes, 18 de enero de 2010

A ti que me escuchaste

Cuando creí que tenía todo me di cuenta que las cosas que vivo no son las cosas que soñé vivir. No me hacen daño pero tampoco me hacen bien. Quisiera dar todo de mí y lo que doy en lo que vivo no es suficiente... quiero que la huella de mis pasos sea más profunda y duradera, que el viento no la borre de un suspiro.

El cielo era de un azul profundo y me llamaba la atención, no entendía que era lejano. Alcé las manos intentando tocar el sol. Quería robarme un rayito de su luz para iluminar mi destino. No lo conseguí y el temor me atrapó. Corrí fuerte y sin descanso hacia la seguridad. Cuando miré hacia atrás, me di cuenta de que no estaba donde quería estar, pero no supe cómo regresar y decidí seguir ese camino.

Me cansé de alejarme de mis sueños. Pero mi miedo y la razón me callaban el corazón. Cerré los ojos, escuché mi interior y hablé.

Lágrimas brotaban de mis ojos cerrados. Tú, me escuchabas atenta. Los latidos de mi corazón se transformaron en palabras y entendiste mi sentir. "Te apoyo" me dijiste. Entonces sentí que todo estaría bien. Me hablaste con sinceridad.

El miedo desapareció... el peso del silencio se evaporó... Estoy ligero. Vuelo otra vez hacia mis sueños y ahora entiendo porque no puedo robarle un rayo de luz al sol... porque no lo necesito, yo tengo mi propia luz....

Gracias... siempre.

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